Hemos pasado un verano raro, atípico, inusual… un verano marcado por una pandemia mundial que nos ha llevado a enfrentarnos a un cambio de costumbres radical. Mascarillas, piscina por turnos, playas parceladas, distancia de seguridad en las terrazas… Estamos viviendo una nueva normalidad y debemos adaptarnos y encajar todo tipo de situaciones que jamás habíamos imaginado. Todas ellas orientadas, principalmente, a evitar los contagios por la Covid-19.

Están siendo meses duros, tenemos que aprender a convivir con el Coronavirus, hemos estado confinados, sin poder salir, casi sin poder respirar… y durante estos meses la alimentación y las emociones están jugado un papel protagonista en nuestro día a día. Por eso hemos querido ahondar más en la cuestión y hacerlo de la mano de un especialista, Roberto Durán, Coach ICF Ejecutivo y Personal, Consultor de Instalaciones Deportivas y Gestor de Equipos, Emprendedor, Entrenador Personal y Técnico Superior en Nutrición y Dietética por IPS (Instituto Profesional de la Salud). Este profesional, de amplia trayectoria, ha desarrollado un método propio (adquiriendo conocimiento de muchos maestros) para acompañar a las personas 360 grados, desde el cuerpo a la parte más profunda de su ser. Su palabra de cabecera es K&Zen, en japonés, mejora continua.

Muchas gracias por atendernos Roberto, nos acompañaste en los InstaLive  de “Tongil te cuenta” durante el confinamiento y no queríamos dejar pasar la oportunidad de ampliar nuestra conversación contigo para saber más sobre emociones y concretamente sobre alimentación emocional. Quería resaltar que una de las partes que más me gusta de tu CV es en la que te defines de manera más holística como un (Coach) Entrenador del alma y un artesano del Cuerpo (en la parte física) ¿Qué quiere decir esto exactamente?

Entrenador del alma lo adopté de unos amigos que me ayudaron mucho en mi despertar del camino y me aportaron grandes cosas. Me defino como entrenador del alma, pese a que me he formado y tengo una experiencia de más de 15 años como entrenador personal deportivo, pero me considero entrenador del alma porque entreno a las personas en su profundidad. La parte exterior es lo que más se ve, en redes sociales principalmente. Pero para sostener todo eso necesitamos entrenar el alma y que nuestro interior sea el pilar principal que sujete el resto. Y artesano porque me gusta tratar a las personas como piezas únicas, creo que cada persona es como un reloj suizo, tiene una vuelta de rosca más que otra, tiene una menos que otra, o cuenta con una pieza especial que otro no tiene. Lo que pretendo es acompañar a las personas durante un tiempo por la maravillosa aventura de la VIDA, cuando necesiten estar acompañados para remontar, escalar, encarar, sobrepasar, atravesar, las circunstancias que perciben adversas en su vida. Todo mi afán de adquirir conocimiento es para conectarme al servicio de las personas. Siempre he trabajado al servicio y sirviendo a otros y es como más feliz soy. 

Tal y como cuentas en redes sociales se muestra esa parte bonita, se exhibe la mejor versión de nosotros mismos… en muchas ocasiones la superficialidad se antepone al resto, pero también es cierto que este escaparate durante el confinamiento se convirtió en uno de los mejores compañeros. Necesitamos relacionarlos, estar conectados con el exterior…

Exacto, la necesidad del ser humano para poder desarrollarnos es la relación. Somos seres relacionales por naturaleza y hacemos casi cualquier cosa para relacionarnos. Las Redes Sociales nos brindan la oportunidad de estar cerca de los otros sin necesidad de estar físicamente, y esto también nos aporta, es como una medicina. El poder hablar con alguien, llorar con alguien, reír con alguien… conectarte con tu familia e incluso compartir un aperitivo en la distancia, pero reunidos, nos lleva a mantener y fortalecer nuestros vínculos. Y esa es la maravillosa suerte que tenemos, y que no tuvimos durante la gripe española de 1918, por ejemplo. La tecnología nos permite estar conectados a tiempo real y da igual la parte del mundo en la que estemos. Da igual el tiempo y la distancia.

Nos relacionamos con nuestros vecinos, con nuestros amigos, con nuestra familia… pero también nos relacionamos con nuestro entorno, con la naturaleza, con el exterior… e incluso nos relacionamos con los alimentos, con la comida. Alimentarnos es la primera de las necesidades que debemos cubrir para mantenernos vivos. Pero el tipo de relación o cómo se desarrolla dicho vínculo, es lo que se conoce precisamente como alimentación emocional, ¿no es así?

Se habla de alimentación emocional, pero en realidad es comida emocional, porque alimento como tal no conozco a nadie que tenga alimentación emocional con una manzana por ejemplo. Normalmente son productos o alimentos que están procesados o tratados de alguna manera previa. Porque cuando alguien tiene un episodio de ansiedad no recurre a comerse esa manzana, sino que recurre a alimentos que normalmente están bastante procesados y que tienen una carga calórica importante. Muchas personas me preguntan por qué, y es que el ser humano necesita relacionarse. Y casi nunca nos hemos planteado que la comida, desde que somos un embrión y estamos en el vientre materno nunca nos ha faltado, por eso es una relación que jamás nos ha decepcionado. Es una relación de extrema confianza, confiamos mucho en la comida, y además en nuestras generaciones vivimos en un estado de bienestar en el que nunca hemos tenido carencia de comida.

Si nos fijamos en países en los que viven en un estado de supervivencia, y no les llega la comida… veremos que no tienen comida emocional, no tienen esa conexión emocional con los alimentos. Esta relación se daría sobre todo en el primer mundo, y es una relación muy íntima y muy personal.

Y es que si nos damos cuenta, cuando comemos emocionalmente solemos hacerlo de manera furtiva, a escondidas. Casi como si nos viéramos con un amante de noche a horas intempestivas, casi con alevosía. Y todo esto es porque estamos conectando con esas partes que no hemos sabido gestionar de manera consciente. No estamos incluso aceptándonos a nosotros mismos que esto está pasando. Y un buen lugar es una relación de confianza, en la que nadie nos va a juzgar y no nos va a echar la bronca, por eso lo hacemos con la comida, a escondidas.

Esa relación furtiva con la comida dice mucho de nuestro estado de ánimo, pero además en función del alimento con el que nos estemos relacionando, estaremos sintiendo una cosa u otra ¿qué quiere decir esto ?

Evidentemente. Esta es una conclusión que viene de la alimentación ayurvédica, que precisamente te habla mucho de los alimentos Ying y Yang, como compensar unas cosas con otras, cómo encontrar el equilibrio con los alimentos. Mi experiencia me ha llevado a ver que cuando alguien está en un estado emocional y se encuentra con una emoción primigenia no gestionada, suele tener relación con el miedo o el enfado. Un cabreo grande interno o un miedo terrible. Suele estar conectado con estas dos emociones. ¿Qué elegimos comer? cuando tenemos miedo al futuro o cuando se acerca algo que tiene miedo a afrontar, normalmente nos vamos a alimentos dulces, fríos, húmedos, burbujeantes… chocolate, refrescos azucarados… Incluso hacemos mezclas asombrosas como cuando vamos al cine y elegimos palomitas y Coca-Cola. Las palomitas son un alimento muy Yang, es seco, no tiene agua, es crujiente y es caliente, y eso es un extremo totalmente Yang. Y para poder equilibrar mi cuerpo me pide algo completamente Ying, algo frío, burbujeante. Por eso no es casualidad. compenso y equilibro.

Viene producido por el estrés, que no es más que energía dentro del cuerpo que no sabemos gestionar, nuestro cuerpo no sabe dónde poner toda esa energía, esa cantidad de pensamiento que no tiene acción y eso estresa. Las frases del estrés y la ansiedad son: tengo un nudo en el estómago, no puedo respirar… están siempre relacionadas con el aparato digestivo, por eso por ejemplo el desamor, a algunas personas les llena de tristeza, les da por no comer, no tienen apetito y pierden peso. Y otras están vacías y comen sin control para llenar ese hueco con comida.

Durante el confinamiento leíamos y veíamos lo rápido que se agotaban en los supermercados las existencias de ingredientes para hacer postres: levadura, hojaldre, azúcar, mantequilla, etc. La incertidumbre, el miedo, nos lleva a cocinar y comer dulces, postres… esto que nos cuentas nos explicaría precisamente este comportamiento ¿verdad?

Por nuestra situación en España, nuestras generaciones anteriores venían de una guerra y  de vivir hambrunas. Han pasado situaciones muy dramáticas. Y nosotros que somos los herederos genéticos de esto, tenemos en nuestras venas el estado de la carencia o de la falta. 

Por eso cuando nos vemos en situaciones de crisis o incertidumbre como estas, aunque nos digan que no… lo primero que pensamos es que nos van a faltar alimentos, porque la falta y la escasez está en nuestro ADN y nos lleva a acumular cosas, lo mismo que sucedía con el papel higiénico. Y el problema en todo esto es que ese espacio emocional no controlado, surge porque no nos paramos a respirar.

¿Y qué deberíamos o cómo podríamos hacer esto de respirar correctamente?

Yo siempre digo que uno de los tips cuando estamos en la comida emocional, es respirar  del vientre a la boca antes de ir a la nevera corriendo, hasta que no consigas hacer esto, no te muevas. A mí como entrenador, este es uno de los básicos que más me sirve con las personas. Porque al igual que tenemos esa relación con la comida, tenemos una relación con el cuerpo. La respiración de la vida está en el vientre, porque el ser humano nace por el vientre y no por las orejas, por la cabeza o por la boca.

La respiración de la vida está ahí, la naturaleza es bastante sabia. Así la respiración que nace desde el vientre nos conecta con la vida. La gente que tiene ansiedad es porque su respiración no está llegando al vientre, se está quedando arriba, suspiran demasiado y ese aire se está quedando en la garganta, eso es la angustia, la angostura, el cierre de la garganta. Sólo tengo que conectarme con lo que estoy respirando.

Por eso hasta que no sepa con qué estoy respirando, no puedo moverme… Pienso “me comería una pizza, tres hamburguesas, chocolate…” Pero tengo que pararme y hasta que no consiga respirar con el vientre y no pueda pensar con claridad no debo comer nada. ¿Cómo hacemos esto? Muy sencillo cojo aire y respiro del pecho hasta la tripa, para que se llene como la tripa de un bebé.

Cuando vemos a un Buda vemos que todos tienen la tripa redondita y están felices, y eso es la curva de la felicidad, esa simbología que tienen las culturas budistas o la japonesa… esas conexiones visuales no son más que la muestra de una sabiduría. El vientre tiene que estar redondo y lleno de aire. Esto no quiere decir que nuestra barriga esté inflamada, eso es otra cosa… Yo respiro y vacío el aire desde el vientre, y ese aire tiene que salir tranquilo del vientre. Dentro de la psicología corporal si suelto rápido estoy reprimiendo, cuando alguien respira a gusto lo hace tranquilo, calmado. Esto es un básico. Por otro lado, cuando expiro, cuando suelto todo el aire, la inspiración viene a mí sola, y esto es como todo, para poder coger algo nuevo en la vida, tengo que soltar algo viejo. Si tengo las manos y los pies ocupados y quiero coger algo, tengo que soltar primero el resto.

Debemos despojarnos de lo de antes, vivir el ahora. Esto es lo que a lo que nos ha obligado a ver la pandemia, cuando no podíamos salir, tuvimos que pararnos a pensar en qué era lo esencial para nosotros. Hemos tenido que recurrir a lo básico, volver a lo inicial, a la respiración. Cuando hayas gestionado esto… entonces podremos preguntarnos de qué tenemos hambre.

Hemos vuelto a lo esencial, a lo primigenio, pero nos habían enseñado que era primordial abrazarse, besarse, tocarse… y ahora todo ha cambiado ¿cómo gestionamos esto?

Esto es una lección tremenda. Ahora hay que abrazarse, besarse y tocarse pero a uno mismo. Hay que preguntarse ¿cómo me trato yo? ¿me estoy escuchando? ¿estoy prestando atención a mi cuerpo? ¿a mi salud? De repente tenemos que quedarnos en casa, ocuparnos, ser responsables y solidarios con el resto… pero ¿nos estamos haciendo cargo de nuestra salud o de nuestro vehículo?

Como coach me enseñaron que es más importante la pregunta que la respuesta. Es mucho más potente una buena pregunta que estar buscando la solución. Por eso cuando tenemos hambre debemos preguntarnos ¿de qué tengo hambre? ¿dulce, salado, amargo, ácido…? Normalmente lo dulce tiene que ver con querer dulcificar lo que viene por delante, dulcificar la vida, lo que veo es muy duro, muy crudo me da miedo y necesito hacerlo más liviano. Tengo la tendencia a ver las cosas desde el miedo. Lo dulce tiene que ver con la confianza con el amor, con el futuro. Cuando nos apetecen alimentos muy Yang, es decir muy grasos, pizza, hamburguesa, pan… tiene que ver con algo que yo en el pasado no he resuelto bien, una conversación, una discusión, algo que no se quedó cerrado y sigue rondándome y estoy enfadado porque no salió bien, algo que tenía que hacer y no hice. Tiene que ver con las normas que yo me he puesto y tienen que ser impuestas, con un papá, con las normas. Hay que fijarse sobre todo, en ese alimento primigenio que me despierta la historia. Y cuando después de la pizza quiero tomar un refresco o un vino u otra cosa… quiero compensar. El cuerpo siempre tiende al equilibrio y es muy obediente. Toma la forma que tú le dices.

Hay una frase tuya que nos dice… Queremos controlar la báscula pero realmente son las emociones las que controlan nuestra báscula.

Exacto, esto es porque normalmente nos enganchamos a un dato, a un número, a la báscula, y eso sólo es una referencia un estándar… y cuando nos obsesionamos tendemos a pesarnos mañana y tarde, todos los días… entonces ¿cuál es la referencia en la que encuentro la cifra correcta? ¿la mañana del sábado, la tarde del domingo, la mañana del lunes? No se pueden tomar pesos todo el tiempo y a todas horas, es absurdo… no hay origen y destino para poder medir. Y si no lo puedes medir… realmente ¿de qué estamos hablando? Si tu cerebro necesita operar desde la razón perfecto, ponle una medida dale un punto de origen y un punto de destino. Pero no hay que olvidar que siempre tendemos a buscar el camino más corto, siempre buscamos la trampa. Cómo hacemos ejercicio sin que cueste, sin movernos, con un aparato… Ese es el atajo, nuestro cerebro racional busca siempre optimizar, el mejor cálculo para hacer menos esfuerzo…

Nuestro cerebro racional no soporta el dolor, el malestar… pero nuestro cuerpo sí… soporta fiebres, remonta virus… nuestro cuerpo puede, nuestra mente no. Nuestro cuerpo está hecho para estar siempre conectado con la vida, la mente no, está conectada con su mundo. Hay frases muy sabias en las disciplinas japonesas que dicen que la vida está en el vientre y esto es tu mundo. La conexión entre el vientre y tu mundo es la autopista de la columna.

Si la autopista está bien colocada, entre en la vida y tu mundo hay una conexión. Llegar a esta conexión parece difícil pero es sólo respirar, es aprender a respirar de manera consciente, volver a lo básico y cuando haces ejercicio buscando esto, es mucho más fácil… Siempre nos fijamos en lo externo, en lo del otro… en las piernas, brazos, ojos más bonitos… y la vida sucede en el vientre, en la pelvis…. nos expresamos con manos, pies.. la necesidad de expresar.. pero la vida está entre la vida y la cabeza.

Equilibrar la alimentación con el entrenamiento, con el movimiento, equilibrar activos, la importancia de la consciencia precisamente te ha llevado a desarrollar tu propio método de consciencia ¿Cómo se pone en práctica?

No somos conscientes, el entrenamiento no es consciente… por eso cuando nos paralizan, nos encierran, nuestra mente empieza a estresar al cuerpo… empieza a llenarlo de pensamientos y el cuerpo no se puede mover, y empezamos a sacudir… salta, baila, etc. Los niños son un claro ejemplo de esto. Cuando salen a jugar lo hacen histéricos, gritando… tienen tanta energía que si no la sacan del cuerpo revientan. Por eso tenemos que tener un momento y espacio para movernos, para que esa energía no nos estrese. Necesitamos liberar, ya sea enfado o energía… necesitamos soltarlo y cuando ya no podemos soltar más, nos desinflamos… por eso tenemos que colocar el cuerpo, absorber energía, respirar de manera consciente y activar nuestro movimiento y equilibrar para tener esa constancia. Fijémonos en el universo, que tal y como nos cuentan los científicos está en constante expansión. Si vamos más allá en esto, podríamos preguntarnos ¿ese movimiento y esa apertura está ligada con que nos hayan confinado a nivel global? Deberíamos réflexionar sobre esto y en lugar de sentir que el ser humano es el ombligo del mundo, ver que es sólo una especie más del planeta, y la madre tierra como es sabia tal vez haya decidido hacerse un detox.

Ya estamos asumiendo que tendremos que convivir con la Covid-19 durante mucho tiempo, e incluso estamos viendo que de nuevo se están restringiendo las salidas y las reuniones, no sabemos si volverán a confinarnos, pero si esto volviera ¿Qué tips nos darías?

SER GENEROSOS…

No estoy de acuerdo con estar encerrado, pero es el único acto de generosidad que podemos tener para/con la sociedad. Ser generoso en esta vida es dar lo que tengo no lo que me sobra. Yo por ejemplo adoro el sol, no puedo vivir sin él… pero como acto de generosidad durante el confinamiento no podría recibirlo. Por eso creo que debemos SER GENEROSOS.

Debemos OBSERVARNOS…

No respiramos igual, aunque no tengamos miedo nuestro cuerpo está conectado con el entorno en el que convive un virus.

RESPIREMOS…

…Evitemos la ansiedad.

Tengamos FUERZA, EQUILIBRIO y ALTA VIBRACIÓN…

…para salir a la batalla debemos hacerlo fuertes.

Más sobre Roberto Durán y su trabajo

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